789) No digan más esa madre de crisis

Recientemente, en Berlín, en un seminario en el que discutíamos la situación de España, uno de los asistentes hizo una pregunta demoledora: “¿Cuándo nos van a dar alguna buena noticia?”. Reconozco que estuve lento y no encontré una respuesta rápida e incisiva.
Pero pensándolo, una buena noticia que podíamos dar y no damos, podía haber sido la relacionada con las actitudes hacia la inmigración. Resulta, no diré sorprendente, pero sí llamativo en un contexto comparado, que esta crisis, pese a la devastación social y laboral que ha provocado no haya generado un auge paralelo de la xenofobia como el que hemos visto en otros países europeos. Desde Dinamarca a Holanda, pasando por Finlandia, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido, en todos esos países, la crisis ha fracturado a los partidos tradicionales y dado alas a partidos xenófobos que han querido azuzar y luego capitalizar sentimientos anti-inmigración.
En España, con un influjo espectacular de inmigrantes en la última década y con una tasa de desempleo del 25%, no hay nadie (con excepciones municipales, como Badalona, que confirman la regla) que se esté presentando ante el electorado con un “españoles primero” o “compremos productos españoles”.
Será porque el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero construyera un discurso sobre la inmigración basado en derechos y no sólo en beneficios económicos, o por otras razones que a los lectores se les pueda ocurrir, el caso es que la crisis no ha generado una demanda de “devolución” de los inmigrantes. Al contrario que en otros países, los trabajadores “invitados” no han sido “invitados” a volver y no han sido catalogados como “prescindibles”. Es algo de lo que estar orgulloso, porque pese a la crisis de la democracia, muestra la interiorización de valores democráticos y de derechos y la madurez democrática de una sociedad. Esperemos que aguante.
Y concluyo con una pequeña anécdota, y quizá, si me lo permiten, con una petición a nuestros amigos latinoamericanos, que sé que son buenos lectores de este blog. A su paso por Madrid recientemente, un amigo latinoamericano, amigo personal y amigo de España, nos regañó cariñosamente por pesimistas y derrotistas. “Son ustedes un país increíble”, dijo. “Han estado peor que hoy, mucho peor, en infinidad de ocasiones”. “¿Con qué se quieren comparar? Con el franquismo, la guerra civil, el siglo XIX?” “Lo miren como lo miren”, dijo, “no es ni mucho menos su peor hora”. “Por todos lados no oigo más que crisis, crisis, y crisis”. Y concluyó con el título de esta entrada: “No digan más esa madre de crisis y salgan adelante”. Muy agradecido por la confianza, dije, lo intentaremos.

Immigració

Torreblanca, José Ignacio | El País - 16-XI-2012