Hay elementos para una Herri Batasuna en Cataluña

Valentí Puig

El pasado jueves se presentó en Barcelona, de la mano del hispanista Sir John Elliott, el Club Tocqueville. Es una iniciativa del escritor Valentí Puig (Palma de Mallorca, 1949) y otras personalidades como Josep Maria Castellà, Jordi Canal, Ana Mar Fernández o Arnau Guasch, que tiene como misión ejercer de «núcleo intelectual de reflexión» en defensa de «una Cataluña hispánica» y hacerlo con «tranquilidad, serenidad y rigor», explica Puig. «Creemos que en las relaciones entre Cataluña y España no debe haber un ganador y un perdedor. Todo suma. Así ha sido durante siglos, al contrario de la idea que asume el independentismo». Puig opina que la arena política está muy deteriorada en Cataluña y que es el momento, más que nunca, de restaurar puentes a través de la sociedad civil. 

 

«El catalanismo siempre ha tenido un componente emocional, hasta Pujol lo reconocía. Nuestro trabajo es modesto: intentar aportar cierta racionalidad al debate. Lo que no podemos hacer es terminar con el sentimentalismo del independentismo, eso es algo que le corresponde a la sociedad. Ella es la que debe vacunarse contra estas formas de populismo que nos han llevado a donde estamos». Precisamente, una de las frases más famosas de Tocqueville es la siguiente: «Es más fácil aceptar una simple mentira que una verdad compleja». «Es lo que hacen los populismos», coincide Puig, «delante de situaciones complicadas proponen soluciones fáciles».

 

«Desde el giro de Artur Mas hasta la presidencia de Puigdemont, que fue impuesto por la CUP, ya se han marchado cerca de 4.000 empresas de Cataluña. Y la idea de que la independencia sería un sueño pacífico no ha sido exacta», recuerda. «La gente está desorientada y necesita referentes serios, razonables, moderados y convincentes. El derrumbe de Convergència, sumado al descrédito del pujolismo, que era el referente de las clases medias catalanas y de hacer política en Madrid, ha roto el molde político de la Cataluña de la Transición. El PSC era un partido que lo tenía todo y ha perdido mucho. Y la aparición de Ciudadanos tiene que ver con ese descontento oculto. Pero la mayoría, al menos en escaños, del independentismo (que irá bajando, en mi opinión), está muy poco articulada porque entre ellos están en profundo desacuerdo. Todo hace prever que la próxima será una legislatura muy turbulenta», diagnostica. Puig se define como un «liberal conservador de centro». Hay un episodio de su juventud que explica, en parte, esa postura vital y política. «Tenía 20 años y fui a Irlanda del Norte como ayudante de profesor de español. Viví una sociedad completamente dividida y prácticamente en guerra civil. Eso me hizo cambiar mi forma de entender los problemas. Me di cuenta de que buscar soluciones, aunque sean imperfectas, es mejor que soluciones perfectas que no llevan a ningún sitio. Es un poco lo que vivimos en Cataluña», apunta. ¿Cuál es entonces su pronóstico a corto plazo? «Si se calma la situación, habrá un desencanto de las clases medias, que puede que no encuentren un líder al que votar de inmediato. Y respecto a los núcleos independentistas más radicales y antisistema... me gustaría equivocarme, pero creo que llegarán a crear una especie de Herri Batasuna en Cataluña. Los elementos para que se forme un partido muy radical, con episodios de kale borroka, existen». Y añade: «La CUP se está radicalizando».

 

Entonces, ¿se formará gobierno o iremos a nuevas elecciones? «No veo ahora mismo a nadie capaz de ser president. Alguien que diga: rectifiquemos, sigamos con nuestros ideales, pero dentro del marco legal. Eso calmaría los ánimos y haría que el tema desapareciese de las comidas dominicales de las familias. En general, la clase política del independentismo es de un techo intelectual muy bajo. Se ha llegado a un grado de irresponsabilidad... alguien tiene que asumir todavía la responsabilidad de haber convencido a la gente de que tenía que ir a votar el 1 de octubre».Puig es una especie en extinción: es un bon vivant, el tipo de persona que lleva sus iniciales bordadas en el bolsillo de la camisa. «Siempre me ha gustado disfrutar de las cosas de la vida, aunque con los años uno se ha de autolimitar. Me gusta comer bien, sin ser un experto. Conocí a Luján, a Perucho, a Domingo... sí, se ha perdido esa tradición. Ahora las estrellas son los cocineros», bromea. También es un escritor muy productivo. El año pasado coincidieron en librerías cinco obras suyas. Ahora está escribiendo una nueva novela («aunque hoy en día la literatura no da para pagarse ni el aperitivo») y hace unas semanas fue galardonado con el Premio Nacional de Cultura, que otorga el gobierno catalán. Un episodio que llamó la atención, dado lo crítico que Puig se ha mostrado siempre con el procés y el hecho de que el propio Puig dimitió en 2014 del Conca (el Consell Nacional de la Cultura i les Arts), el órgano que decide esos galardones.

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