EL PIN PARENTAL, O REVENTAR LA EDUCACIÓN

JESÚS MANUEL GRANADO

 

La educación en nuestro país ha sido desde siempre un tema que ha alimentado intensos debates, tanto en relación a su función, como a sus contenidos. Producto de ello se ha materializado en las sucesivas leyes educativas redactadas por diferentes gobiernos, en cortos periodos de tiempo. Estos días es Vox quien vuelve a sacarla a la palestra mediante su polémica del PIN Parental. Su justificación se presenta desde el partido de Abascal presuponiendo un adoctrinamiento en las aulas, y la ejecución de actividades que rozan lo delictivo. La absurda forma de defender su propuesta liga con las dificultades que han tenido para sacarla adelante. Tomando como prueba que, para ser escuchados, han tenido que amenazar a sus socios de gobierno y poner en jaque la continuidad del mismo en la Región de Murcia. Ante tal situación cabe preguntarse ¿qué lleva a Vox ha permitirse tensar las cosas hasta tal punto? Si queremos conocer la respuesta, debemos buscarla en aquello que no nos cuentan del famoso PIN.

Para conseguir vendernos su idea llevan semanas ofreciéndonos una imagen catastrófica de la educación pública. Presentándola constantemente bajo el control de colectivos sociales y asociaciones feministas. Un aparato del Estado dedicado al adoctrinamiento ideológico de izquierdas. Charlas sobre prevención de conductas machistas y violencia de género, sobre educación sexual, o adicción a las drogas, son señaladas como los elementos a través de los cuales se transmite un mensaje manipulado. Aunque nos esforcemos en compartir sus tesis, y por un momento pensar como ellos, se hace realmente difícil considerar adoctrinamiento a la práctica de hábitos saludables, o la prevención de la violencia de distintas formas. Su paranoia no acaba ahí, y la hacen extensible a la prevención sobre el consumo de alcohol, la ludopatía, o la publicidad y el consumo.

Para dotar de formalidad a su causa Vox se ampara en el artículo 27.3 de la Constitución Española. Referido a la obligación de los poderes públicos a garantizar el derecho de los padres para que sus hijos reciban formación religiosa y moral según sus convicciones. Defienden que el espíritu de este tipo de talleres y charlas, comúnmente entra en contradicción con las convicciones morales y religiosas de las familias. Como si hablar sobre cómo evitar un asesinato machista, una muerte por sobredosis, o un embarazo no deseado fueran temas ofensivos y malintencionados, y no realidades de facto a las que la juventud está expuesta. Argumentos que calan en el discurso social, y llegan a banalizar realidades, en algunos casos delictivas, y las reducen a una mera cuestión de opinión subjetiva. Incluso reabriendo un debate ya superado acerca de temas como la violencia de género, la xenofóbia, o la homofóbia. Con el riesgo subyacente de redefinir y quitar peso a su sentido actual. En definitiva su estrategia consiste en combatir la instrucción del alumnado en valores que tengan relación directa en la sociedad. Su pretensión trata de vaciar nuestro sistema de educación pública de todo con lo que ellos no comulgan. Negando a los jóvenes la realidad que les envuelve, para forzarles a compartir su reduccionista y trasnochada visión el mundo.

La cultura que consumimos, cuándo lo hacemos, y de qué manera, determina los pilares morales sobre los que se fundamenta nuestra sociedad. Una concepción del término más amplia, que traspase el marco de la educación estrictamente formal, implica a los medios de comunicación, revistas culturales, música, y libros, sin perjuicio de productos culturales asociados a la «mass-media» como videojuegos, series, o artistas de youtube. Estos factores de producción cultural, junto con muchos otros, son consumidos por la población, e influyen en ella hasta dar forma a su marco moral compartido. El papel de la enseñanza en este contexto debe erigirse como el formador de criterio, objetivo y libre. Como herramienta que enseñe a reflexionar y no sólo a consumir. Que nos permita clasificar todo a lo que estamos expuestos y con lo que nos relacionamos a diario. Solamente a través de una educación pública que enseñe a pensar el mundo, podremos gozar de una sociedad realmente democrática y libre. Por ello es tan importante no ceder ante el Pin Parental. Por qué si lo hacemos ahora estaremos destrozando no sólo la educación de los jóvenes, sino el futuro de todo un país.

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