EL INSULTO COMO ARGUMENTO, LA VIOLENCIA COMO RAZÓN

Judes Moreno

Cada cual tenemos un conocimiento de nuestro entorno, y de nosotros mismos, diferente. Tenemos una apreciación personal subjetiva. También es subjetiva la apreciación y valoración del mundo y de la sociedad que nos rodea. No puede ser de otro modo. Por ello, para vivir en armonía con nuestras circunstancias, y con nosotros mismos, buscamos un cierto grado de objetividad. El egocéntrico y el egoísta será aquel que no sienta la necesidad de verse y ver con perspectiva y objetividad. No será una persona equilibrada.

Es una misión casi imposible asomarse a los demás y a nuestro entorno buscando captar nuestro objetivo lo más nítidamente posible. Pero tenemos que intentarlo. En ello consiste parte de nuestra felicidad, en el equilibrio personal y social.

Tenemos que aplicar los cinco sentidos, más el sentido común, en esta empresa definitiva que es nuestra vida, mi vida.

Tenemos que usar todas nuestras capacidades intelectuales y afectivas. En una palabra: nuestra persona. Total e íntegramente. Y nuestras historias y vivencias. Nuestras cualidades y defectos. Nuestras fobias y tendencias.

Es en nuestra cotidianidad donde no podemos aceptar el uso del insulto como un argumento en nuestro diálogo con los demás. Tampoco como salida o vía de escape. El que insulta es porque carece de razones o de ideas o de sólidas argumentaciones. Por desgracia en nuestra sociedad, y en diversos niveles y situaciones, se recurre al insulto para descalificar o rectificar los puntos de vista del oponente. No se discrepa con razonamientos o proposiciones. Se insulta. Lo vemos así en muchos debates televisivos  y en diversos programas de consolidada audiencia. Quien recurre al insulto, sea donde sea, se autodefine como un cretino carente de razón. Se auto descalifica.

No digamos de los que pretenden zanjar el diálogo o la discusión con la violencia, del tipo que sea. La razón no puede mantenerse con violencia. Quien la usa pierde la razón, toda la razón que pudiera tener. La razón desvela la verdad y forma parte de ella.

Nunca jamás el insulto puede utilizarse como argumento. Ni con la violencia mantener la razón.

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