LA INSOPORTABLE CRISPACIÓN

SION GELABERT

 

 

El Informe sobre la Democracia en España (2007, Fundación Alternativas), define LA CRISPACIÓN como “Un desacuerdo permanente y sistemático sobre iniciativas propuestas, gestos o actuaciones del otro, presentadas desde la otra parte (…) como un signo de cambio espurio de las reglas del juego, incompetencia, electoralismo, ausencia de proyecto, corrupción, revanchismo, oportunismo, etcétera, y en última instancia como una amenaza a la convivencia, al imperio de la ley, a los valores establecidos o al consenso democrático”.

Por la experiencia acumulada se sabe que este tipo de política extrema afecta sobre todo a tres ámbitos centrales para la convivencia: las relaciones entre el Gobierno y la oposición, la vida interna de algunas instituciones centrales para la democracia (por ejemplo, las de la justicia) y, sobre todo, para la coexistencia entre los ciudadanos porque provoca una enorme polarización. Muchas veces, la estrategia de la crispación ha adquirido rasgos que tienden a repetirse de modo sistemático: la deslocalización de las críticas trasladándolas de la arena parlamentaria a los medios de comunicación, de modo que el discurso en el Congreso de los Diputados o en el Senado busca menos el intercambio de propuestas y opiniones que su eco mediático (multiplicado ahora por el impacto de las redes sociales). Así, con la desmesura en la crítica desaparece ésta para dejar paso a la descalificación sistemática y al insulto (mentirosos, sectarios,…) y se atenúan hasta la oscuridad las reglas que exige la buena cortesía parlamentaria y la competencia entre adversarios.

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