CATALUÑA: MIENTRAS DUREN LAS LLAMAS

PABLO SIMÓN

 

 

1. Una sentencia no está para arreglar problemas políticos, pero sí tiene implicaciones políticas. La transgresión de la ley que provocó la mayor crisis constitucional de España desde 1978 tiene consecuencias. La decisión de haber dejado sin un cauce político una demanda de secesión que apoya la mitad de Cataluña también. De un modo u otro, la falta de compromiso pluralista y auto-contención desde el poder, el recurso a la judicialización y la falta de lealtad federal nos ha llevado hasta aquí. Repartir culpas ahora es lo de menos porque esta sentencia tiene implicaciones para todos a corto, a medio y a largo plazo.

 

El corto plazo

 

2. Que iba a haber protestas por la sentencia era esperable. Además, era fácil de anticipar que serían masivas; dos años de prisión provisional de los líderes independentistas y la insistencia en lo injusto del proceso han cebado la bomba.  Lo que no era tan sencillo de prever era los disturbios que comenzaron el lunes y se han prolongado toda la semana. Aunque no puede haber un solo determinante en su emergencia, sin duda la descentralización del movimiento social tiene su impacto. Pese a que ANC y Omnium siguen teniendo importancia como agentes movilizadores (véase las impresionantes marchas), desde el 1-O la emergencia de los CDR ha genero una lógica en la que la calle no sigue una consigna unificada. Unos CDR muy heterogéneos, pero que distan con mucho de tener una acción cohesionada.

 

3. Cuando existe un tejido asociativo vivo y una falta de dirección política, el capital social puede tener un efecto que facilite la corrosión del sistema. Parte de eso se ve en estas dinámicas; no hay liderazgos políticos. Tanto es así que hay disturbios, pero sin consignas, sin objetivos concretos que permitan justificar el regreso a casa. La rabia se ha apoderado de aquellos que protestan (ven en la sentencia el respaldo a que la “no violencia” no ha servido de nada). Ahora bien, debe tenerse presente que las protestas son también un evento de socialización generacional como lo fue el 1-O. Y sí, está demostrado que la violencia erosiona el apoyo a un movimiento político, en especial entre aquellos que podrían simpatizar con él, pero es que desde 2018 carece de unidad de acción.

 

4. En las dinámicas de protestas, la subjetividad es clave: la percepción de una ventana de oportunidad revolucionaria importa más que la fortaleza estructural del Estado. El contexto de la sentencia ha favorecido esta lógica y la dinámica de acción-reacción lleva a una espiral ascendente. Como es sabido, el agravio que se desprende de la (micro) violencia lleva en esa dirección. Así, aunque la movilización no pueda ser indefinida, sí genera una progresión que hace que en el futuro se esté dispuesto a asumir más costes. Ver “la violencia en el ojo ajeno” facilita fotos y videos virales, victimización y agravios tanto entre los que protestan como los que se ven perjudicados. Por más que los cuerpos policiales actúen mejor o peor en cada caso, los disturbios pueden continuar o, incluso con treguas temporales, volver a emerger de nuevo. Imposible anticipar mientras llega…

 

 El medio plazo

 

5. Hablar de medio plazo con vistas a tres semanas da una idea de cómo estamos. El 10N está a la vuelta de la esquina, aunque a nadie le coge de sorpresa que la sentencia se sabría antes de de la repetición de las Generales. Allá cada cual con sus estrategias. Ahora bien, sí podemos anticipar que esto que vivimos son el tipo de eventos que causan shocks en las tendencias y que, por tanto, tendrá efectos. Uno previsible es el incremento de la polarización (lo que, por cierto, suele aumentar la participación electoral). Lo normal suele ser que quienes están en los extremos puedan capitalizar más la situación por lo que tanto la CUP, que se presenta por primera vez, como VOX, tienen una buena posición de partida.

 

6. Hay que distinguir dos cosas: en qué medida un tema importa en los comicios (saliency) y en qué medida un partido es fuerte en él (issue ownership). Los partidos, obviamente, pelean porque estén en agenda los temas en los que son más fuertes para ganar elecciones. Hipótesis varias: Es inevitable que el 10N la cuestión territorial juegue un papel central. Ante esto UP y MP, con posiciones más matizadas, lo van a tener más difícil para hablar de sus temas y son los que pueden quedar más desdibujados. En la derecha se abrirá una competición pidiendo contundencia y esto puede servirle tanto a PP o Cs, al primero para concentrar más voto, el segundo para cerrar fugas. Mientras, en Cataluña, ERC ha mantenido un discurso más pragmático y podría sufrir frente a las posiciones más duras de CUP o JxC.

 

7. En todo caso estamos viendo una película en movimiento y el humo aún no se ha despejado. El PSOE ha diseñado un intento de “rally ´round the flag” en la campaña (“Ahora España, Ahora gobierno”). Si hay caos espera que se apueste por él: sigue el manual del PP en 2016. Pero cuidado con dos cuestiones. De un lado, Mariano Rajoy en 2016 no se movió y Sánchez sí lo ha hecho. Del otro, que orden y territorio nunca ha sido la apuesta ganadora del PSOE. Si Casado se acerca peligrosamente a Sánchez, si la situación se complica en las calles ¿Qué hará el gobierno? ¿Habrá actuaciones de excepción contra la Generalitat mirando al 10N? Las herramientas de las que dispone son limitadas y un paso en falso en esta crisis no sólo tendrá implicaciones electorales, sino que puede cohesionar y reforzar lo que hoy está roto.

 

8. Porque la legislatura en Cataluña nació muerta. El president no tiene apoyos ni sabe como salvarse; de ahí, por cierto, que Torra hable de nuevos referéndums para 2020. ERC quiere elecciones y, por fin, encabezar la Generalitat, pero intenta que la operación parezca un accidente (nada de electoralismo). El botón electoral, en todo caso, lo tiene el president y no tiene ganas de irse a casa tan rápido. Hoy, en una parte sustancial de las élites catalanas, sólo quedan activistas y, en el binomio entre representación y responsabilidad, siempre optan por lo primero. De un modo u otro, en breve plazo llegarán las elecciones autonómicas, quizá en primavera, pero llamar a la desobediencia y al tiempo garantizar el orden público es una contradicción imposible de sostener más tiempo. Al fin y al cabo, todo porque nadie discute cómo buscar una vía en…

 

El largo plazo

 

9. Ahora es demasiado costoso para todos, en especial con elecciones a la vista. La situación, además, parece abocada a meterse en un congelador durante un tiempo muy largo sin que pueda haber mucho más de un enroque de posiciones. Sin embargo, en algún momento habrá que poner un proyecto encima de la mesa cuando se aposente el polvo, cuando sepa a qué teléfono llamar. De momento nadie lo tiene. En el campo independentista aún no se sabe cómo gestionar el “mientras tanto” constatado que la vía unilateral no es posible. Los puentes que han quemado al otro lado son muchos y, les guste o no, salvo improbable colapso del Estado, necesitarán alianzas. Que se discrepe de cuándo y quién jodió el Perú no arregla el destrozo.

 

10. Mientras, los partidos estatales no están mejor. A la izquierda del PSOE se habla del instrumento (un referéndum), pero eso no es un modelo de país, no es un fin, sino un medio. Los socialistas se hacen los suecos en la cuestión hasta nueva orden y ni siquiera saben para dónde quieren tirar con la vía federal. PP y Cs proponen un 155 permanente e ilegal ignorando que en el artículo 2 de la Constitución se hace simétrica la unidad a la autonomía. VOX quiere suprimir el autogobierno y, hoy en día, es inconstitucional y nadie respalda. En suma, ningún proyecto viable a la vista. Y supongo que habrá tiempo para hablar de estas cuestiones durante los próximos lustros, no hay que tener prisa, pero cuidado con el lenguaje de excepción porque provoca monstruos. El largo plazo llega con la suma de muchos cortos. 

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